Lacan Quotidien/ nº749-¿Zadig o la Escuela? Dos aproximaciones a un falso dilema-Gustavo Zapata

Gustavo   LQ-749 Zapata

 

 

 

De ida

Jacques Alain Miller en la Conversación del 13 de mayo soltó una afirmación rotunda (soltó varias, en realidad) que me pareció una provocación, después de hablar del paso de JAM 1 a JAM 2 dice: “Ahora, Jam 2 se consagra a hacer existir el psicoanálisis en el campo político. Nunca Freud, ni Lacan, hicieron nada similar, ¿verdad? Es un paso que yo doy, pero lo hago ya con muchos otros. Especialmente con la admirable École de la Cause Freudienne.”

Efectivamente se trata de un paso sin precedentes en la historia del psicoanálisis. Miller elige muy bien sus palabras, dice: hacer existir el psicoanálisis en la política. No es hacer política con el psicoanálisis ni hacer psicoanálisis de la política. Se trata entonces, en toda la regla, de un acto analítico. Pero la verdadera provocación está contenida en esta frase: lo hago ya con muchos otros. Especialmente con la admirable École de la Cause Freudienne.

Si el paso de Lacan implicó extremar las tesis freudianas hasta sus últimas consecuencias, el paso de Miller implica extremar las tesis de Freud y de Lacan hasta sus últimas consecuencias, especialmente en cuanto al papel y el lugar del psicoanalista en el mundo. En esta tarea hemos acompañado el esfuerzo de Miller en lo clínico y en lo epistémico de manera entusiasta y decidida. Hemos logrado hacernos presentes en los debates contemporáneos en el mundo psi y en la cultura, y en todo lo que concierne a la subjetividad de la época, los avatares de sus maneras de vivir la pulsión, las mutaciones de los lazos y un muy largo y variado etcétera. Pero parece que en esta ocasión, vacilamos en ocupar la vanguardia, al menos al inicio, tal vez en parte porque Zadig exige no tener militancia partidista.

La tesis de Miller de hacer existir el psicoanálisis en la política es una consecuencia de extremar dos tesis: la tesis de Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, enunciada así: “desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo”, y la tesis de Lacan cuando define la Escuela en el Acto de Fundación del ‘64, enunciada así: “Este término debe ser tomado en el sentido en que antiguamente significaba ciertos lugares de refugio, incluso de bases de operación contra lo que ya podía llamarse malestar en la cultura”.

Desde esta perspectiva, la frase de Miller cobra su valor de provocación pues implica que hacer existir el psicoanálisis en la política no es sin la Escuela. Aún más, indica claramente que implicación de los psicoanalistas en la política es una extensión al nivel de la opinión pero que no debe confundirse con la Escuela ni la AMP. ¿Por qué digo que es una provocación? Porque nos obliga a pensar cuál es entonces el lazo entre Zadig y la Escuela. Queda claro así entonces que Zadig se resiste a ser asumida como una consigna, requiere de un cálculo y de una elección subjetiva: a contramano de una adhesión masiva, ciega, obliga a una adhesión esclarecida*, uno por uno, lo que hace imposible también derivar una weltanschauung  o una ideología Zadig.

Como destaca Gil Caroz, el psicoanálisis de orientación lacaniana deja de ser un “observatorio del malestar en la cultura para convertirse en un actor efectivo e influyente en la política”, pero solo a condición de que se ciña al principio simple enunciado también por Miller en la Conferencia de Madrid: “Para actuar en política, confiar en la autonomía del propio pensamiento es tan necesario como rebajar el nivel de las identificaciones y conseguir que cada cual se remita a su propia opinión.”

Si Zadig no es sin la Escuela, y la Escuela tiene en el centro de su elaboración la investigación en torno al final de análisis, obviamente entonces, Zadig es una acción específica que deriva de la lógica del pase. Es decir, según el principio precisado por Miller en Madrid, remitirse a su propia opinión (la luz interior de Simone Weil a la que se refiere Miller) puede entenderse mejor desde el ángulo del desarrollo que hace Lacan en la Nota italiana  y el Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11 de la tesis de la Proposición del 67 acerca del núcleo de eso que en el último párrafo de ese Seminario llamó el deseo de obtener la diferencia absoluta: el deseo del psicoanalista.

Lo que me interesa destacar ahora es que con la Proposición, Lacan pone en el centro del debate de su Escuela un dispositivo para arrojar luz sobre esa sombra espesa que recubre ese empalme […] en el que el psicoanalizante pasa a psicoanalista. La tesis de Lacan en ese momento, sintéticamente, es que un psicoanálisis llevado hasta su final debería conducir al atravesamiento del velo del fantasma, el des-ser del sujeto y la realización de su destino de sicut palea, y deja abierta la interrogación acerca de la razón que lleva a un sujeto a hacer de ese destino de resto, el agalma de su acción. En la Nota italiana, precisa aún más, y dice que el analista, si ha llevado su análisis hasta el final sabe ser el desecho de la buena fortuna en la que está sumergida la humanidad, y que haber logrado cerner la causa de su horror propio, debe llevarlo al entusiasmo por ocupar esa posición para otros, pero sigue dejando abierta la pregunta por la razón de por qué alguien querría ese destino de desecho. Finalmente, en el Prefacio, avanza una nueva formulación del final del análisis acotando la confrontación con la verdad mentirosa cuyo término es la satisfacción del final, y sigue dejando abierta la pregunta acerca de qué lleva, en ese punto del final, a un sujeto a entusiasmarse por ocupar el lugar del analista.

Esta insistencia de Lacan por dejar abierta la pregunta por el deseo del analista es claramente su manera de indicar que, en primer lugar, las coordenadas de su determinación son particularísimas (indica dónde ubicarlas, pero se cuida de nombrarlas porque no tienen un nombre ni una localización genéricas), y el pase es el dispositivo de elección para investigar ese empalme en cada caso. Pero en segundo lugar, deja bien claro que la acción del analista, orientada por el deseo del analista, está (o debería estar) des-sujetada de lo que enmarca toda otra acción humana, a saber: de las ficciones del fantasma, del velo de las identificaciones, de la ambición de la buena fortuna, y de los espejismos de la verdad mentirosa. Des-sujetada no quiere decir deslastrada, solo quiere decir que el analista, advertido del engaño que comporta todo eso, al operar desde el núcleo mismo de ese deseo impuro e inhumano, debería poder separarse de ello sin mayor dificultad. Eso explica porque Miller, en su sencillo principio de Madrid, dice rebajar el nivel de las identificaciones, no dice prescindir de las identificaciones. Porque sabe (sabemos) que no se puede prescindir de las identificaciones o del cristal del fantasma, a lo sumo se espera que éstas o éste no nos posea (como dice Miller de su fantasma heroico: Lo tomo y lo dejo. Tomo lo que sirve. Dejo lo que me molesta. Me burlo de cualquiera, y de mí también. Yo tengo a ese fantasma, él no me posee). Raquel Cors lo formula así: La política que nos concierne y en la que algunos sin pensarlo demasiado elegimos tomar posición, gracias a la propuesta de Jacques-Alain Miller con la movida Zadig, es una elección en la que las identificaciones partidarias se desvanecen y algunas idealizaciones incluso la de la herejía.

De vuelta

Ahora bien, que Zadig no sea sin la Escuela, implica también que la Escuela debe recoger los efectos de Zadig, en una suerte de lazo moebiano, y hacerse cargo de ellos, toda vez que deriva de la formación que ella dispensa. Su texto de referencia así lo indica: Pues la Escuela, en cualquier momento en que el sujeto entre en análisis, ha de sopesar este hecho con la responsabilidad que no puede declinar por las consecuencias que tiene. Es constante que el psicoanálisis tenga efectos sobre toda práctica del sujeto que se compromete en él. Cuando esta práctica procede, por poco que sea, de efectos psicoanalíticos, resulta que el sujeto los engendra en el lugar en que los ha de reconocer (las negritas son mías). El texto de Gil Caroz lo ilustra de modo preciso, y muestra transparentemente ese lazo entre Zadig y la Escuela cuando describe los diferentes combates reales que han dado los colegas de la ECF. Siendo así, Zadig no puede ser concebido como exterior a la Escuela, ni puede ser separado del corazón mismo de la Escuela, esto es, de la lógica no-toda del pase, y esto atañe no sólo al AE, sino a todo aquel que inscribe su trabajo en la Escuela de Lacan, como lo establece el Acto de Fundación del ’64,  y como Gustavo Stiglitz lo precisa: La práctica del pase en la Escuela, interviene en el horizonte de los análisis en curso, es decir que la clínica y las consecuencias del final de análisis inciden en los analizantes antes de su final efectivo.

Que se plantee que Zadig es una suerte de producto empaquetado para el afuera de la Escuela, es equivalente a decir que la Escuela no es interpretable políticamente, algo así como una excepción de la Teoría de Torino. Pero entonces eso reniega, también, de los alcances del pase como subversión al interior de la Escuela. Así, eso implica entonces que podemos hacernos presentes en la política desde nuestra formación como psicoanalistas, pero no podemos traer de vuelta y hacer presente esa misma posición en la política, al interior de la Escuela. Esto es un nonsense.

Tampoco es una herramienta de los psicoanalistas para, desde una cierta extraterritorialidad, traducir la realidad a términos psicoanalíticos. Existía antes una distinción ya casi en desuso entre psicoanálisis en intensión y psicoanálisis en extensión, una dicotomía que creaba más problemas que los que resolvía. La implicación de los psicoanalistas en lo social, cultural, y lo político derivaba casi de modo inercial a una suerte de tutelaje psicoanalítico que desembocaba inevitablemente en una transferencia negativa más o menos intensa, en parte porque la extensión se concebía como una suerte de pedagogía psicoanalítica. En cambio, el analista en la posición del santo no hace pedagogía ni traduce los problemas a su jerga, solo señala, obstinadamente, a dónde tiene que señalar, precisamente porque deriva de lo que el analizante produce por la radicalización del acto y consecuentemente, de la aparición del deseo del analista, que es un deseo de obtener la diferencia absoluta, la máxima separación entre I y a.

Zadig es, más bien, una exigencia a no subestimar el riesgo de olvidar la política del acto, que es la política de un psicoanálisis orientado por lo real del serhablante, y someterse a la política del Otro, como lo recorta bien Rosa Elena Manzetti.

Anna Aromí, en un texto reciente en el que hace una precisa disección de lo que pasa en Cataluña, refiriéndose a lo que llama en su título el difícil pase de lo nuevo que desde su perspectiva, aún no ha encontrado nombre, concluye con una pregunta rotunda: ¿Querrán los analistas poner de su parte para que lo encuentre?

Allí donde la abyección reviste el ejercicio de la política entonces, deberíamos hacernos presentes ¿Querremos?

Nota:

*Según una fórmula afortunada de Heloisa Prado Telles a partir de la lectura de mi intervención en la Conversación política del Primer Encuentro de Elucidación de la NEL en Buenos Aires: Cero abyección, http://bit.ly/2yCl8oo.

Referencias

Anna Aromi: ¿Qué pasa en Barcelona? El difícil pase de lo nuevo. http://bit.ly/2yxHWGG

Gil Caroz: ¿Por qué la política necesita hoy ser iluminada por el psicoanálisis? http://bit.ly/2yuzUP3

Gustavo Stiglitz. Es la políticahttp://bit.ly/2gv3kW6

Jacques Lacan: Acto de Fundación de 1964. http://bit.ly/2gTuVNS

Jacques Lacan: Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. http://bit.ly/2zCBrjE

Jacques Lacan: Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11 http://bit.ly/2zncgkk

Jacques Lacan: Nota Italiana. http://bit.ly/2zDOMYU

Jacques Lacan: Seminario Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1987.

Jacques-Alain Miller: Conferencia de Madrid. http://bit.ly/2yCdwT6

Jacques-Alain Miller: Campo Freudiano, Año Cero. http://bit.ly/2yW8WQZ

Rosa Elena Manzetti. Desideri Decisi di democrazia in Europa. http://bit.ly/2yCl8oo

Raquel Cors Ulloa. Política para-todos. http://bit.ly/2gv3kW6

https://www.lacanquotidien.fr/blog/2017/11/lacan-quotidien-n-749/