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Argumento de las V Jornadas

Por Raquel Baloira

La migración implica un conjunto de circunstancias que generan cambios. Separarse de la tierra, donde se ha tejido una vida, supone una reconstitución del Otro que se deja y una resignificación del lazo con él.  Implica también hacerse un lugar en el Otro del país que se ha elegido como destino. En ese movimiento se ponen en juego las identificaciones de cada sujeto y su saber hacer para enfrentar aquello que se pierde.

Los cambios trastocan las identificaciones pero no borran la condición de sujeto; puesto que para el psicoanálisis el estatuto mismo del sujeto es el de ser un inmigrante porque sólo tiene hogar en lo del Otro (1). El problema del sujeto es que ese país extranjero, que sería el Otro, es en realidad su país natal. Un país, además, en el que puede llegar a sentirse como un exiliado o descolocado. Puesto que ese Otro que anida en él, que está en su interior, se encuentra en posición de extimidad. Y son las ficciones y mutaciones subjetivas propias de cada sujeto las que condicionan el lazo con el Otro.

Quizá haríamos bien si pensáramos en nosotros mismos como posibles extranjeros en nuestro país natal (2). Convendría además poner en tensión la pregunta por la identidad. Esa que tanto pesa a la hora de partir.

No hay identidad para el sujeto desde el psicoanálisis. En todo caso, lo que existe es el Otro que permite hallar algunas respuestas a la falta en ser constitutiva del sujeto. El ser hablante, gracias a los envoltorios ofrecidos por lo simbólico, si se ve enfrentado con la separación puede tener la oportunidad de reencontrar en el exterior un goce con el cual emparejarse. Pero puede ocurrir también que no logre dar ese consentimiento y llevará a cuestas el desarreglo que implica no poder alojar sus marcas sinthomáticas en el Otro del país que lo recibe.

De cualquier manera, siempre nos tocará enfrentar el acontecimiento que supone simbolizar la falta cuando una contigencia de la vida nos haga evocar el objeto perdido o cuando se viva la fractura que implica sentirse descolocado ante ese Otro que anida en nosotros. Y se requerirá de cierto tiempo para que el sujeto pueda hacer un arreglo sinthomático  que le posibilite aparejarse con un nuevo objeto, que como bien dice Lacan, en el seno más asentido de mi identidad conmigo mismo es el quien me agita. (3)

La historia del psicoanálisis está hecha de migraciones. Sigmund Freud tuvo una relación originaria con el estatuto de ser inmigrante. No imaginaba que en el ocaso de su vida, cuando ya entraba triunfalmente Hitler en Austria, tendría que exiliarse en Londres. El mismo día de su llegada, el seis de junio de 1938, escribió: El sentimiento de triunfo se mezcla demasiado íntimamente a la tristeza porque estábamos todavía muy apegados a la prisión de donde acabábamos de salir (4).

Sin embargo, aun en medio de la tristeza que lo embargaba, Freud nos enseñó de qué manera pudo valerse de la ironía para poner una distancia con el Otro. Antes de su partida a Londres fue visitado por la Gestapo. En esa visita, se le solicitó que escribiera una carta de su puño y letra indicando que no había recibido malos tratos por parte de esta organización. Entonces, Freud escribió estas palabras: Le recomiendo calurosamente a todo el mundo la camaradería de la Gestapo (5).

En la Venezuela de hoy, esa prisión a la que se refirió Freud -presente con otros envoltorios- ha llevado a más de cuatro millones y medio de venezolanos, en la última década, a tener que migrar buscando mejores condiciones de vida. Es un real que se ha hecho presente en nuestros consultorios; y en nuestra propia NEL Caracas.

¿Cómo abordamos los psicoanalistas un real que ha desmembrado familias o que amenaza con dejar al país sin una generación de reemplazo?

Las precarias condiciones de la vida cotidiana causan cada vez mayores urgencias subjetivas que empujan a realizar acciones precipitadas y que pueden llevar al acting out o al pasaje al acto.

Nuestra realidad roza todos los días el límite de lo posible de soportar. Y ante esta difícil situación, no declinamos en el deseo de introducir el lazo social específico que se teje en torno al analista como desecho, representante de aquello que, del goce, resta insocializable.

Los psicoanalistas tenemos un país, que es el país del psicoanálisis, constituido de litorales y discontinuidades, de fronteras imprecisas; y donde, en todo caso, el único pasaporte necesario para transitar por su territorio: es la transferencia de trabajo. Por tal razón, aun en circunstancias tan adversas, como las que vivimos, no declinaremos en hacer existir el filo cortante de la verdad que Freud fundó y que llegó a Caracas, gracias a la enseñanza de Lacan, y del deseo decidido de su hija, Judith Miller, cuando este país sirvió de refugio para tantos inmigrantes.

Con la migración como tema, con los arreglos y desarreglos singulares que este real produce, organizaremos el programa de trabajo de las V Jornadas de la Nel Caracas para el 2018. Estamos convocados a partir de ahora a transmitir el saldo de saber que extraemos de nuestra experiencia en el campo del psicoanálisis.

 

(1) Miller, Jacques-Alain, Extimidad, Paidós, 2010.
(2) Tan, Shaun, Entrevista publicada en la Revista Babar, 2014.
(3) Lacan, Jacques, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, Escritos, Siglo XXI, 1957.
(4) Gaparrós, Nicolás, Correspondencia de Sigmund Freud, Biblioteca Nueva, 2002.
(5) Jones, Ernest, Sigmund Freud. Life and work, Basic Books, 1957.

 

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